Mucho más que un proyecto quirúrgico

Cirugía en Turkana es mucho más que un proyecto quirúrgico, es un modo de entender la vida y de contársela a nuestros hijos. En busca de la esperanza y el convencimiento de que si somos muchos, el mundo cambiará, y será más justo.

Vengo pensando desde hace días qué os iba a contar hoy. Y es que después de tantos viajes y de tantas historias, uno acaba viendo las cosas desde diferentes perspectivas. Al principio, la realidad Turkana tal y como conté en el diario de mi primer viaje, impactó en mi corazón y me sentí invadida por una mezcla temor, rabia e impotencia.

La que genera el no entender cómo a tan solo unas horas de aquí podía haber gente sufriendo, gente muriendo, gente sin derechos. Olvidados por el mundo.

El tiempo y las siguientes campañas dieron paso a otra nueva realidad que se abrió ante mis ojos. Era evidente que Turkana me había cambiado, que ya nunca volvería a ser igual después de enfrentar esa terrible realidad. Pero nació en mi un sentimiento positivo, de esperanza, y no solo por ver la cantidad de gente buena que me rodea, dispuestos a echar un cable a un pueblo desconocido.

Es que además empecé a comprender lo que es Turkana...

Turkana es muchas cosas más, es cuando un bombardeo en Siria mata a los niños de un colegio, o cuando una una niña en la India es violada en un autobús, o cuando familias enteras huyen hacia los campamentos de refugiados en el Congo, o cuando en nuestro país los comedores sociales rebosan de gente sin recursos.

Turkana es todo eso, un detonante del más importante órgano de los sentidos que tiene un ser humano. El que nos hace mirar alrededor y nos alerta de lo que ocurre, nos pone a salvo de la indiferencia, nos hace sonreír, compartir, tolerar, aceptar las diferencias y sobre todo nos hace luchar por cambiar aquello que no está bien. Y no está bien que unos tengamos tanto y otros tan poco, que no haya acceso a los recursos sanitarios, que la esperanza de vida sea inferior a los 50 años, que la educación de los niños se vea interrumpida por el trabajo forzado o la maternidad temprana, no esta bien que en tantos sitios la vida valga menos que la bala que la apaga.

Es por eso que Turkana es mucho más que un proyecto quirúrgico, es un modo de entender la vida y de contársela a nuestros hijos. En busca de la esperanza y el convencimiento de que si somos muchos el mundo cambiará. Y será más justo.

Os puedo asegurar que de Turkana nos traemos mucha más salud de la que dejamos allí. Y miles de testimonios silenciosos de los que se llevan en el corazón, y que nos han hecho comprender que de un hombre negro, nómada y pastor podemos aprender muchas cosas.

Recuerdo una charla con Liliana, una de las misioneras que trabaja en Nariokotome. En una de las calurosas noches turkana después de la cena, nos contaba emocionada lo feliz que fue su infancia. En Navidad, decía, era la mejor época del año, porque ocurrían dos cosas que solo pasaban entonces: estrenaba un vestido y comía carne. Una vez al año.

Cuando los recursos materiales no cuentan, las diferencias entre las personas se hacen muy pequeñas, y solo queda lo que a todos nos importa. La vida, la salud, nuestra familia.

Y entonces hablamos un lenguaje universal.

Gracias a todos por hablar, por pensar, por contar y por sentir Turkana.

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